De alguna forma, aquella manera de aprender sustentaba, pues además de que el conocimiento era trascendente, había algo en aquel esfuerzo por investigar -al que la curiosidad insaciable aceleraba hasta el fondo- que garantizaba siempre maravilla, inmejorable compañera de horas y horas de ensimismamiento mágico, capítulo siguiente de aquellos grandes descubrimientos que atrapaban la mente.
No hay manera de comparar esas experiencias con el conocer y aprender a través de Internet. Sería como comparar una conversación con una persona interesante y una conversación con un "maniquí interesante"; la lectura de un buen libro de papel y tinta, con la lectura de un "e-book", probar café "chorreado" y probar café instantáneo. Algo hay de inhumano en esta gran plataforma de comunicación, algo de ella deshumaniza las relaciones interpersonales y trivializa la dignidad del prójimo.
No condenemos a los nuestros, principalmente a los más jóvenes y niños, a una vida enlatada con sabor artificial.


