No me parece adecuado utilizar la tragedia de la joven que, aparentemente, abortó y abandonó a su bebé de ocho meses, para defender tal o cual postura en estos temas.
Eso se llama instrumentalizar el dolor ajeno, y es algo innoble.
Antes bien, es mejor reparar en el aspecto humano del hecho, y rogar mucho por el alma del bebé y también por la joven, que solo Dios sabe qué tipo de situación atraviesa para haber tomado una decisión así, y ahora necesitará de mucho apoyo para poder superar esta experiencia traumática.
Antes de hablar en tal o cual dirección, fijémonos mejor en nuestra propia vida.