Wednesday, January 9, 2013

Espejismos


Una cosa es escribir bonito, y otra, tener vocación y pasta de estadista. Lo primero, después del impacto estético inmediato que provoca, cae en el vacío. Lo segundo tiene efectos duraderos por generaciones. De ordinario, desconfío de zalameros y de quienes escriben "lindo" en columnas populares, hechizan masas, deslumbran almas desorientadas y, en el proceso, se inflan el ego, al punto de que parece que llegan a convencerse a sí mismos de que bajo su guía el mundo sería un lugar mejor. Por supuesto, se rodean de aduladores que los validan constantemente; sin ellos, no serían nada. Vanidad de vanidades.

VQV - 29/12/2012

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